Bienvenido al anochecer
jueves, 3 de marzo de 2011

Erase una vez un pájaro, adornado con un par de alas perfectas y plumas relucientes , coloridas y maravillosas. En fin, un animal hecho para volar libre e independiente, para alegrar a quien lo observase. Un día, una mujer lo vio y se enamoró de él. Se quedó mirando su vuelo con la boca abierta de admiración, con el corazón latiéndole más de prisa, con los ojos brillantes de emoción. Lo invitó a volar con ella, y los dos viajaron por el cielo en completa armonía. Ella admiraba, veneraba, adoraba al pájaro.
Pero entonces pensó: Tal vez quiera conocer algunas montañas distantes!. Y la mujer tuvo miedo. Miedo de no volver sentir nunca más aquello con otro pájaro. Y sintió envidia, de la capacidad de volar el pájaro.
Y se sintió sola.
Y pensó: Voy a poner una trampa. La próxima vez que el pájaro venga, no volverá a marcharse.
El pájaro , que también estaba enamorado, volvió al día siguiente, cayó en la trampa y fue encerrado en la jaula.
Todos los días ella miraba al pájaro. Allí estaba el objeto de su pasión, y se lo enseñaba a sus amigas, que .comentaban: Eres una persona que lo tiene todo.
Sin embargo, empezó a producirse una extraña transformación: como tenía al pájaro, y ya no tenía que conquistarlo, fue perdiendo el interés. El pájaro, sin poder volar ni expresar el sentido de su vida, se fue consumiendo, perdiendo el brillo , se puso feo y ella ya no le prestaba atención, excepto para alimentarlo y limpiar la jaula.
Un buen día, el pájaro murió. Ella se puso muy triste, y no dejaba de pensar en él. Pero no recordaba la jaula, recordaba sólo el día que lo había visto por primera vez, volando contento entre las nubes. Si hubiese pensado más, se hubiese dado cuenta de que eso que la emocionaba tanto del pájaro era su libertad, no su cuerpo.
Sin el pájaro, su vida también perdió sentido, y la muerte vino a llamar a su puerta. "porqué has venido?", le preguntó a la muerte. "Para que puedas volar de nuevo con él por el cielo-dijo la muerte-. Si lo hubieses dejado partir y volver siempre, lo admirarías y lo amarías todavía más: sin embargo, ahora necesitas de mí para poder encontrarlo de nuevo
Pero entonces pensó: Tal vez quiera conocer algunas montañas distantes!. Y la mujer tuvo miedo. Miedo de no volver sentir nunca más aquello con otro pájaro. Y sintió envidia, de la capacidad de volar el pájaro.
Y se sintió sola.
Y pensó: Voy a poner una trampa. La próxima vez que el pájaro venga, no volverá a marcharse.
El pájaro , que también estaba enamorado, volvió al día siguiente, cayó en la trampa y fue encerrado en la jaula.
Todos los días ella miraba al pájaro. Allí estaba el objeto de su pasión, y se lo enseñaba a sus amigas, que .comentaban: Eres una persona que lo tiene todo.
Sin embargo, empezó a producirse una extraña transformación: como tenía al pájaro, y ya no tenía que conquistarlo, fue perdiendo el interés. El pájaro, sin poder volar ni expresar el sentido de su vida, se fue consumiendo, perdiendo el brillo , se puso feo y ella ya no le prestaba atención, excepto para alimentarlo y limpiar la jaula.
Un buen día, el pájaro murió. Ella se puso muy triste, y no dejaba de pensar en él. Pero no recordaba la jaula, recordaba sólo el día que lo había visto por primera vez, volando contento entre las nubes. Si hubiese pensado más, se hubiese dado cuenta de que eso que la emocionaba tanto del pájaro era su libertad, no su cuerpo.
Sin el pájaro, su vida también perdió sentido, y la muerte vino a llamar a su puerta. "porqué has venido?", le preguntó a la muerte. "Para que puedas volar de nuevo con él por el cielo-dijo la muerte-. Si lo hubieses dejado partir y volver siempre, lo admirarías y lo amarías todavía más: sin embargo, ahora necesitas de mí para poder encontrarlo de nuevo
martes, 1 de marzo de 2011
Yo no quiero un amor civilizado, con recibos y escena del sofá; Yo no quiero que viajes al pasado y vuelvas del mercado con ganas de llorar. Yo no quiero vecínas con pucheros; Yo no quiero sembrar ni compartir; Yo no quiero catorce de febrero, ni cumpleaños feliz. Yo no quiero cargar con tus maletas; Yo no quiero que elijas mi champú; Yo no quiero mudarme de planeta, cortarme la coleta, brindar a tu salud. Yo no quiero domingos por la tarde; Yo no quiero columpio en el jardin; Lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí. Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata porque amores que matan nunca mueren. Yo no quiero juntar para mañana, nunca supe llegar a fin de mes; Yo no quiero comerme una manzana dos veces por semana sin ganas de comer. Yo no quiero calor de invernadero; Yo no quiero besar tu cicatriz; Yo no quiero Madrid con aguacero ni Rosario sin tí. No me esperes a las doce en el juzgado; No me digas volvamos a empezar; Yo no quiero ni libre ni ocupado, ni carne ni pecado, ni orgullo ni piedad. Yo no quiero saber por qué lo hiciste; Yo no quiero contigo ni sin ti; Lo que yo quiero, muchacho de ojos tristes, es que mueras por mí.
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